Por qué visitar a un osteópata

¿Por qué visitar a un osteópata?

En primer lugar es tan sencillo como decir que la osteopatía practicada por un profesional competente es extraordinariamente inocua: es si no imposible, muy difícil generar una lesión en el paciente. Todo aquél que incurre en tildar la osteopatía como potencialmente dañina, permitiéndose el lujo de calificar algunas de sus técnicas con el imperativo de ‘peligrosas’, no hacen si no ahogarse en su propia ignorancia por desconocer tanto qué es la osteopatía (su filosofía, su concepto, sus principios, su esencia), como manifestar abiertamente su incapacidad absoluta para realizar ninguna de las técnicas como lo haría un osteópata.

En segundo lugar, se encuentra el hecho de que el número de sesiones suele ser muy reducido para un motivo de consulta (entorno a tres de media), por lo que el coste económico es apenas significativo, y, sin embargo, los beneficios son muy altos, restituyendo no sólo el problema sino además ayudando a mejorar la salud del paciente, pues al normalizar (reajustar) determinadas estructuras, el cuerpo actúa en favor de dicha intención (la osteopatía lo que realmente hace no es tratar lesiones, sino mejorar la salud del paciente para que sea él por sí mismo capaz de restablecer el daño).

En tercer lugar, toda persona suele presentar problemas, aunque no lo sepa. Desde la experiencia personal, se ha contrastado (mediante la inspección visual y la palpación manual) que cuando aparece un problema (un motivo de consulta) casi nunca ocurre aisladamente, sino que lo hace entorno a otras alteraciones tan significativas (o más) como lo es en sí el problema. En síntesis: ante un signo/síntoma deben tenerse en cuenta diferentes partes del cuerpo en conjunto, pues en grupo estas disfunciones generan un síntoma. De esto se desprende que hasta que el cuerpo no se ha desajustado en varias zonas pueden no haber problemas, pero no es verdad: los problemas existen casi siempre pese a que el paciente no presente ningún síntoma. Y obvio es que si hay problemas irán en detrimento de la salud total del paciente, más si perduran en el tiempo. Desde las manos, el osteópata puede actuar para dilucidar qué partes del cuerpo no están funcionando correctamente (porque están bloqueadas o restringidas por tensión) y reajustarlas en beneficio de la salud del paciente. El osteópata no labora conforme al síntoma sino que lo replica sobre qué lo está originando. Esta idea de discernir entre el síntoma (efecto o consecuencia de un problema subyacente) y su fuente es lo que, a través de la experiencia, capacita al osteópata para encontrar problemas cuando todavía no han producido síntoma alguno.

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